Proyecto Salvación y Yuk Hui: la tecnodiversidad que Hollywood no vio venir

La grieta tecnológica de Hollywood: cómo Proyecto Salvación termina dándole la razón (sin querer) a la tecnodiversidad de Yuk Hui

¿Es posible una pluralidad de tecnologías?

Si la ciencia ficción comercial estadounidense tuviera una religión, sería el progreso tecnológico. Y Proyecto Salvación (Project Hail Mary) no es una excepción. La película reúne, uno tras otro, todos los ingredientes habituales del imaginario tecnológico de Hollywood: un héroe individual llamado a salvar a la humanidad, la NASA como institución capaz de liderar la respuesta, un científico excepcional convertido en la pieza clave de toda la misión y una humanidad que, frente a la amenaza, termina organizándose bajo un liderazgo fundamentalmente occidental. Por momentos, la película parece escrita por el departamento de relaciones públicas de la NASA. Y, viendo la historia del cine estadounidense, tampoco me sorprendería demasiado. Sin embargo, precisamente ahí aparece una grieta inesperada.

Smithsonian Air & Space Magazine — All Space, All the Time

La historia sigue a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es. Poco a poco descubre que participa en una misión destinada a evitar la extinción de la humanidad. Como ocurre en gran parte de la ciencia ficción estadounidense, la respuesta a la crisis pasa por movilizar más ciencia, más investigación y más tecnología.

Hasta aquí, todo parece desarrollarse con normalidad. La ciencia aparece como el motor capaz de resolver cualquier crisis. Esta visión profundamente optimista domina muchos debates actuales: frente al cambio climático, por ejemplo, muchos confían en que nuevas tecnologías acabarán proporcionando la solución. sin más.

Las escenas ambientadas en la Tierra presentan la ciencia como un lenguaje universal compartido por toda la humanidad. Esa representación refleja una convicción profundamente moderna: que existe un único camino válido hacia el progreso científico y tecnológico. Durante siglos, Occidente proyectó esa idea sobre el resto del mundo, y buena parte de la izquierda también asumió que el problema no era la dirección del desarrollo tecnológico, sino quién debía controlar sus beneficios o dirigir su desarrollo.

Sin embargo, hay un momento en el que la película empieza, casi sin querer, a desmontar su propio discurso. Ese momento es cuando aparece la especie alienígena.

La diferencia no reside únicamente en el nivel de sofisticación de sus máquinas. También afecta a la manera en que esa civilización entiende la naturaleza, organiza el conocimiento y desarrolla la técnica. Es la intuición que Yuk Hui desarrolla mediante el concepto de cosmotécnica.

Yuk Hui — The Question Concerning Technology in China, MIT Press

En el lenguaje cotidiano solemos utilizar rapidez y velocidad como si fueran sinónimos, pero en física no significan lo mismo. La rapidez solo indica qué tan deprisa se mueve un objeto. La velocidad añade un elemento más: la dirección. Un coche puede circular a 100 km/h hacia Valencia o a 100 km/h hacia Madrid. La rapidez es exactamente la misma; lo que cambia es la dirección.

Con la tecnología solemos cometer exactamente el mismo error. Nos obsesiona su rapidez —más potencia, más eficiencia, más innovación— pero olvidamos preguntarnos por su dirección. ¿Hacia dónde nos conduce? ¿Qué tipo de sociedad construye? Damos por sentado que todas las sociedades recorren el mismo camino tecnológico y que la única diferencia consiste en que unas avanzan más deprisa que otras.

A mi juicio, Yuk Hui es uno de los pensadores más estimulantes de la filosofía contemporánea de la tecnología porque cuestiona un supuesto que solemos dar por evidente: que existe una única manera válida de conocer el mundo y, por tanto, una única manera de desarrollar la técnica. Cada civilización articula relaciones distintas entre naturaleza, conocimiento, técnica y organización social. A esa articulación la denomina cosmotécnica.

Desde esta perspectiva, el gran problema de la modernidad no consiste únicamente en que determinadas tecnologías hayan adquirido demasiado poder. El problema es que hemos terminado identificando la trayectoria tecnológica occidental con la única trayectoria posible. Hemos confundido una historia particular con la historia universal de la tecnología.

Hui utiliza con frecuencia la medicina tradicional china para ilustrar esta diferencia. Mientras la medicina occidental entiende el cuerpo principalmente como un conjunto de órganos y procesos fisiológicos, la medicina china lo interpreta como una red dinámica de relaciones entre el organismo, el entorno y el equilibrio de fuerzas como el yin y el yang. La cuestión no consiste simplemente en decidir cuál es más eficaz en cada caso, sino en reconocer que ambas parten de maneras diferentes de organizar el conocimiento y de comprender la naturaleza. Para Hui, esa pluralidad epistemológica también puede dar lugar a formas distintas de hacer tecnología.

Por eso Hui habla de tecnodiversidad. Igual que defendemos la biodiversidad o la diversidad cultural, también deberíamos defender la existencia de múltiples formas de desarrollar la técnica. Durante la mayor parte de la historia, la diversidad tecnológica fue la norma y no la excepción.

La historia de la tecnología no es la historia de una única forma de habitar el mundo, sino de múltiples cosmotécnicas: maneras distintas de integrar la técnica en una determinada comprensión del mundo y de la vida en común. El sistema de riego subak de Bali no es únicamente una sofisticada infraestructura hidráulica. El reparto del agua se organiza mediante templos, rituales religiosos y acuerdos colectivos entre agricultores, de modo que la ingeniería, la cooperación y la espiritualidad forman parte de un mismo sistema técnico. La eficacia del riego no puede separarse de la manera en que esa sociedad entiende su relación con la naturaleza.

UNESCO — Cultural Landscape of Bali Province: the Subak System

Algo parecido ocurrió, aunque desde una cosmología diferente, con la Huerta de Valencia. Durante siglos, las acequias no solo distribuyeron agua: también dieron lugar a instituciones como el Tribunal de las Aguas, donde los conflictos se resolvían públicamente mediante normas compartidas por la propia comunidad de regantes.

Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia

La técnica no era un conjunto de máquinas aisladas, sino una forma de organizar el territorio, la cooperación y la vida colectiva. En ambos casos, la tecnología expresa una determinada concepción del mundo antes que una simple solución técnica a un problema de ingeniería.

La cuestión decisiva es que las cosmotécnicas no pertenecen únicamente al pasado. Hoy están surgiendo nuevas formas de producir tecnología que recuperan ese espíritu. Proyectos como Open source ecology.

Open Source Ecology,

El hardware libre, la fabricación distribuida en makerspaces o las comunidades energéticas cooperativas no destacan únicamente porque utilicen herramientas distintas, sino porque responden a otra lógica: aumentar la autonomía de las comunidades, compartir conocimiento y adaptar la tecnología a las necesidades locales. La tecnodiversidad no consiste en conservar técnicas tradicionales como piezas de museo, sino en demostrar que siguen siendo posibles otras maneras de hacer tecnología porque siguen siendo posibles otras maneras de comprender el mundo.

Quizá el verdadero cambio de perspectiva consiste en abandonar la idea de que existe “la Tecnología”, en singular, como si todas las civilizaciones estuvieran destinadas a recorrer el mismo camino. Lo que llamamos tecnología nunca aparece aislado: siempre forma parte de una determinada comprensión del conocimiento, de la naturaleza y de la vida en común. Por eso hablar de tecnodiversidad no significa defender máquinas diferentes, sino mundos diferentes.

Es precisamente aquí donde Proyecto Salvación resulta más interesante de lo que probablemente pretendía. La película insiste en que la humanidad se salvará gracias a la ciencia occidental, pero al mismo tiempo introduce una civilización cuya técnica no puede entenderse simplemente como una versión más avanzada de la nuestra. Sin proponérselo, rompe la idea de que toda inteligencia termina recorriendo el mismo camino tecnológico.

Si aceptamos que pueden existir múltiples cosmotécnicas, las consecuencias son enormes. Significa que pueden existir muchas formas de inteligencia artificial, muchas formas de industrialización, muchas maneras de producir energía o muchas arquitecturas de Internet. El software libre, las redes comunitarias, el movimiento maker, las cooperativas tecnológicas o las infraestructuras abiertas dejan de ser simples alternativas técnicas para convertirse en expresiones contemporáneas de la tecnodiversidad. La defensa de la interoperabilidad que plantea Cory Doctorow parte de una preocupación relacionada: que las infraestructuras tecnológicas permitan la existencia de alternativas en lugar de encerrar a los usuarios dentro de sistemas cerrados.

Cory Doctorow — Interoperability Fables

Tal vez ese sea el verdadero significado de la tecnodiversidad.

No máquinas diferentes.

Mundos diferentes.