Los propietarios también lloran

Para aquellos interesados en el debate público, es probable que se hayan encontrado con las opiniones de los liberales más críticos con la “intervención estatal”. Recientemente, Manuel Llamas lanzó un tweet en el que advierte sobre las políticas de la izquierda que podrían poner en riesgo la propiedad privada.

A menudo, se centran en historias de pequeños propietarios que, con esfuerzo y ahorro, han adquirido una segunda vivienda para complementar su pensión. Sin embargo, raramente se menciona la existencia de grandes tenedores de viviendas o carteras de inversión inmobiliaria.

Esta narrativa simplista retrata a los “burócratas socialistas” como los villanos que amenazan el patrimonio de la abuela desvalida. Desafortunadamente, este discurso superficial ha logrado calar, impidiéndoles ver que el problema subyacente podría ser la concepción capitalista de la propiedad y los derechos de los propietarios.

Aunque tendemos a considerar la propiedad privada como un concepto inherente al ser humano, la historia nos muestra una realidad más compleja. A lo largo del tiempo, las sociedades se han organizado en torno a diversos sistemas de tenencia de la tierra, como el mir ruso o el sistema de Jubileo judío. Por lo tanto, afirmar que la propiedad privada capitalista es un estado “natural” es un enfoque simplista y erróneo.

Es importante recordar que la concepción moderna de la propiedad privada no surgió de una supuesta “apropiación originaria” al estilo lockeano. Más bien, su origen está vinculado a procesos de despojo y violencia, en los que el estado capitalista moderno y la clase terrateniente jugaron roles fundamentales.

Por otro lado, la izquierda más tradicional parece limitar su enfoque a medidas como la regulación del precio del alquiler o, en casos más radicales, la expropiación de viviendas vacías para que pasen a ser gestionadas por el estado. Desde una perspectiva anarquista, si viviera en Barcelona, preferiría una limitación del derecho de propiedad antes que mantenerlo en sus condiciones actuales, ya que esto supondría restringir un privilegio que el estado otorga a los propietarios.

La verdadera solución reside en transformar el modelo capitalista actual hacia sistemas más comunitarios. Esto podría lograrse a través de tierras comunitarias, sindicatos de inquilinos, huelgas de alquiler y la ocupación de viviendas vacías. Mientras los gobiernos y los impuestos sigan existiendo, es crucial presionar para que estas estructuras sean menos extractivas y más equitativas.

Es hora de cambiar nuestra concepción tradicional y empezar a hablar de “propietarios ausentes” en lugar de simplemente propietarios de viviendas. Este cambio de perspectiva nos permitiría abordar de manera más efectiva los desafíos relacionados con la vivienda y la propiedad.

Para concluir, es fundamental recordar la frase de Proudhon: “La propiedad es un robo”.

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